8 de noviembre de 2009

LA REALIDAD DEL MÁIZ TRANSGÉNICO



Me parece bastante ingenuo creer en las "bondades" del uso de semillas transgénicas, en especial cuando la difusión de tales bondades provienen del gobierno que ya sabemos jamás se ha distinguido por tener algún tipo de interés en el bienestar de la población o en el crecimiento del país.
Sabemos que su prioridad es siempre obtener un beneficio propio, disfrazado de beneficio nacional. Así que bajo esta premisa, no resulta extraño que ignorando las protestas de grupos informados, el gobierno haya autorizado la siembra experimental del maíz transgénico.

¿Qué son los transgénicos? Son semillas alteradas mediante ingeniería genética con el supuesto beneficio de favorecer la productividad al presentar, por ejemplo, una mayor resistencia a plagas y por lo tanto un menor uso de insecticidas favoreciendo así al medio ambiente y a la salud de los trabajadores del campo. Obviamente esta es la falacia con que MONSANTO (la empresa que produce el 90% de las semillas transgénicas en el mundo) nos vende la idea del gran avance que significa entrar a la nueva era en agricultura. Pero como es común, la realidad es otra.

La periodista francesa Marie Monique Robin, dedicó varios años a una exhaustiva investigación sobre el tema y presenta los resultado en un libro llamado "El mundo según Monsanto" y también en un documental del mismo nombre. En él podemos enterarnos, a través de datos e investigaciones plenamente respaldadas, las prácticas corruptas de las que se ha valido dicha empresa para imponer sus productos a agricultores (en las que la FDA se encuentra involucrada), las consecuencias que ellos han tenido que enfrentar, como costos excesivos de las semillas Monsanto, la prohibición de usar cualquier otra semilla bajo la amenaza de "la policía Monsanto"  y las nuevas y peores plagas que provocan las semillas transgénicas y que obviamente requieren insecticidas Monsanto para combatirlas.
Además, los transgénicos contaminan las demás variedades por la polinización perjudicando la biodiversidad, como sucedió en Canadá: en 1996 Monsanto introdujo la colza trangénica prometiendo que no habría contaminación alguna y no fue así, volviéndose imposible de controlar. El aire, los pájaros, las abejas o incluso los camiones que trasportaban las semillas de colza transgénica, tuvieron que ver. Al final hasta un 65% de los agricultores canadienses manifestaban que en sus campos había aparecido colza transgénica.
Quienes plantaban colza tradicional y se mantenían al margen de los cultivos transgénicos se encontraban con que sus cultivos estaban infectados  (la policía Monsanto acude a revisar los campos y al encontrar su semilla en ellos, obliga a los agricultores a pagar por la licencia).

Por otro lado, diversos estudios han demostrado que los productos Monsanto provocan  graves daños a la salud. Por ejemplo, los niños alimentados con leche de soya transgénica tienen el doble o el triple de enfermedades autoinmunes del tiroides (más del 90% del total de soya es transgénica).
Monsanto fabrica hormonas de síntesis adictivas para las vacas que pasan a la leche y están acusadas de favorecer el cáncer en las personas.
Monsanto desde los años 30 ha contaminado hasta el Polo con los bifenilos policlorados (PCBs), cancerígenos, que alteran el sistema endocrino y los sistemas neurológicos e inmunológicos. Son tóxicos persistentes que se prohibieron (en los 70) cuando a era demasiado tarde y se siguen acumulando en las cadenas alimenticias. Monsanto también  fue una de las empresas productoras del famoso "agente naranja", sustancia utilizada en la guerra de Vietnam que envenenó a miles de personas y que aún sigue su población padeciendo las consecuencias (continúan naciendo niños con deformidades  y discapacidades).
En Estados Unidos se han presentado diversos casos de estragos ambientales provocados por MonsantoUn ejemplo es el caso de la contaminación del pueblo Times Beach en el estado de Missouri con dioxinas incluidas en químicos que habían sido utilizados para limpiar las calles, y por lo cual se ordenó su evacuación.
Otro caso es el de Anniston (Alabama) en 2002, donde los habitantes demandaron a Monsanto por contaminar las fuentes de agua del pueblo con el químico PBC, posteriormente prohibido por sus efectos tóxicos. En 1997 la empresa tuvo que pagar una multa millonaria y cambiar la etiqueta del químico que lo calificaba como biodegradable y sano para la salud (y la lista sigue).
 
Gracias a la difusión de informacion como esta, Europa (excepto España) se han negado a la introducción de transgénicos de la transnacional norteamericana para su siembra (por ejemplo, el año pasado Austria prohibió la importación de estos granos basándose en estudios en ratas que demostraron graves efectos, como alta toxicidad en hígado y riñones).
Por desgracia, no podemos decir lo mismo de América Latina. Actualmente Argentina es el mayor productor de cultivos transgénicos. También han entrado Uruguay y Brasil, y ahora México.

Los legisladores dijeron aceptar la experimentación pero con ciertas limitantes como un régimen de protección especial para el maíz nacional. Pero obviamente esto no tiene sentido, considerando el caso antes mencionado de Canadá, de hecho, el maíz nacional ya presenta algunos casos de contaminación de transgénicos (esta información sobre el maíz en México también se incluye en "El mundo según Monsanto")
Así que podemos concluír que Monsanto se ha dedicado a contaminar el planeta y a dañar nuestra salud impunemente, desde hace decenas de años y lo seguirá haciendo mientras siga respaldado por gobiernos y grandes grupos de poder. 

El amor al poder domina al mundo. 



Arrivederci