24 de noviembre de 2009

EL HOMBRE MÁS FELIZ DEL MUNDO

¿Quién creerían ustedes que es el hombre más feliz del mundo? Seguramente están pensando en Hugh Hefner con sus conejitas, Bill Gates con su cibernético imperio o tal vez Donald Trump, los Rockefeller o nuestro paisano Slim.  Pues  se equivocan. El hombre más feliz del mundo no tiene mujeres, no tiene éxito, ni fama, ni fortuna. El pasa su vida en un monasterio budista.



Matthieu Ricard fue declarado así por científicos de la universidad de Wisconsin especialistas en neurociencia, después de realizar durante años un estudio en el que la cabeza de Ricard ha sido sometida a constantes resonancias magnéticas nucleares, conectado a 256 sensores para detectar su nivel de estrés, enfado, placer, satisfacción y decenas de sensaciones diferentes.

Los resultados fueron comparados con los obtenidos en cientos de voluntarios cuya felicidad fue clasificada en grados que iban del 0.3 (muy infeliz) a -0.3 (muy feliz). Matthieu Ricard alcanzó -0.45, desbordando los límites previstos en el estudio, superando todos los registros anteriores y ganándose un título "el hombre más feliz de la tierra".


Los neurocientíficos americanos no creen que sea casualidad que durante los estudios llevados a cabo los mayores registros de felicidad fueran detectados siempre en monjes budistas que practican la meditación diariamente. Ricard lo explica en la capacidad de los religiosos de explotar esa «plasticidad cerebral» para alejar los pensamientos negativos y concentrarse sólo en los positivos.


Nacido en París en 1946, el "monje feliz" creció en un ambiente ilustrado. Su padre, Jean-François Revel, fue un reconocido escritor, filósofo y miembro de la Academia Francesa. Ricard vivió en su juventud los excesos propios de la Ciudad de la Luz de los años 60 y tras terminar sus estudios de secundaria, se decidió por las ciencias. Hizo un doctorado en genética celular en el Instituto Pasteur de París.


El estudio de textos budistas desencadenó una llamada espiritual que le llevó a dejarlo todo. Decidió que el laboratorio no era lo suyo y partió hacia el Himalaya. El budismo le ha dado la felicidad que ninguno de nosotros imaginaríamos encontrar en ese estilo de vida.  
Esto definitivamente nos hace pensar: ¿estamos errando el camino en nuestra búsqueda de realización personal? Porque es un hecho que los conceptos que rigen nuestra vida, nuestros sueños y nuestras ambiciones  no son innatos, son totalmente inculcados por nuestro entorno social.


Tal vez donar a la caridad nuestra casa y coche, renunciar al empleo, darle el pasaporte a nuestra pareja y emprender la retirada a una montaña solitaria a meditar sea absurdo e imposible siquiera de considerar por nuestra mente capitalista y consumista; pero al menos sería conveniente tratar de ver un poco más hacia nuestro interior y conectar de mejor manera con nosotros mismos. ¿a poco no?
Así que ya saben: ooommmmmmm 


Arrivederci

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